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El carácter revolucionario según Erich Fromm

23 septiembre, 2011

NOTA: Este artículo es una reproducción del artículo original del blog El Forjista. Me ha parecido suficientement interesante como para reproducirlo, y no solamente poner un link al original

Erich FrommErich Fromm (1900-1980) fue uno de los pensadores más importantes del siglo XX, ideólogo de la libertad y la dignidad humana, psicoanalista de profesión, aplicó las ideas de esa disciplina a los problemas sociales.

Uno de los aspectos más destacable de Erich Fromm era que sus convicciones estaban influenciadas por diferentes corrientes de pensamiento a las que muchos considerarían contradictorias, sin embargo abrevaba en ellas para extraer aquellos conceptos que favorecieran el crecimiento y la libertad del ser humano.

Reconoció entre sus influencias la tradición judía de los profetas, el budismo zen, Marx, Bachofen y Freud. Esta diversidad demuestra la amplitud mental de un intelectual que combatió los dogmatismos y el autoritarismo.

Fue uno de los primeros en estudiar y criticar al nazismo y a sus seguidores, pero también fue crítico del capitalismo y del socialismo soviético.

Este artículo que vamos a comentar se encuentra dentro del libro “La Condición Humana Actual” , y lo hemos seleccionado porque entendemos que además de la importancia del tema, muestra aspectos sustanciales del pensamiento de Fromm.

En época del nazismo, comenzó a estudiar el carácter autoritario, definido éste como característica de aquella persona cuya estructura caracterológica la lleva a someterse a las autoridades y a la vez aplica una dominación despótica sobre aquellos que están bajo su autoridad.

El carácter revolucionario es lo opuesto al descrito en el párrafo anterior, Fromm comienza su definición explicando en primer término aquello que el carácter revolucionario no es.

Una persona por el hecho de participar en una revolución no implica que pueda ser incluida dentro de lo que se considera el carácter revolucionario. Tampoco lo es aquél que vulgarmente es definido como un rebelde, pues dicha persona puede estar resentida con alguna autoridad por no ser apreciada de acuerdo a lo que cree valer, a raíz de ese resentimiento puede querer la caída de la autoridad y su reemplazo por sí mismo, y cuando se alcanza esa meta muchas veces se concilia con la autoridad anterior o se adquieren los mismos defectos que antes se cuestionaban.

Una aclaración importante que Erich Fromm nos realiza, es que el carácter revolucionario no es una persona fanática, y plantea con total claridad la diferencia existente entre un fanático y otro con firmes convicciones, términos que muchas veces se confunden. Un fanático es una persona totalmente desconectada del mundo exterior, pero el fanático ha elegido una causa que según supone le permite disimular su psicosis. No importa la causa elegida, puede ser religiosa, política, deportiva o cualquier otra pero vive para ella, convirtiéndola en un ídolo y de esa manera le encuentra un sentido a su vida.

Una vez descartado aquello que no constituye el carácter revolucionario corresponde definir lo que sí es y para ello nada mejor que reproducir textualmente a Erich Fromm: “El rasgo fundamental del ‘carácter revolucionario’ es el ser independiente, es decir, ser libre. “. Para señalar un poco después que: ”La plena libertad e independencia existen sólo cuando el individuo piensa, siente y decide por sí mismo”.

Esa independencia es precisamente lo opuesto al carácter autoritario que es sumiso con las autoridades y autoritario con los subordinados.

Otro aspecto importante de lo que Fromm llama el carácter revolucionario, es la identificación con la humanidad y la capacidad para trascender los límites de la propia sociedad y por lo tanto tener la capacidad de criticar la sociedad en la que uno vive desde el punto de vista de la razón y el humanismo. Tiene que ser imprescindiblemente una persona despierta que tiene criterio para asumir la crítica de aquellas cuestiones en que se lesiona la dignidad humana.

Ahora nos introduciremos en otro concepto fundamental en las ideas de Erich Fromm, el carácter revolucionario esta indisolublemente identificado con la humanidad y particularmente con el amor a la vida. Como contrapartida existe una personalidad que siente atracción por la muerte y la destrucción, Fromm llegó a esta conclusión luego de estudiar al nazismo. En general casi todas las tiranías se sintieron atraídas por la muerte, recordando a un general franquista que tenía por consigna “¡Viva la Muerte!”

Podríamos agregar a la lista de procesos políticos vinculados con la muerte y la destrucción: al stalinismo y para acercarnos más a nuestra realidad incluir en esa nefasta lista al pinochetismo y a la dictadura argentina. En la actualidad vemos como grupos terroristas y el gobierno norteamericano hacen gala de su desprecio por la vida.

Por el contrario, los artistas, aquellos comprometidos con la ayuda solidaria, grupos vinculados con la defensa del medio ambiente, los luchadores por la libertad de sus países, y en general aquellos que luchan contra cualquier forma de opresión, muestran su claro compromiso con la vida. Tal vez sea en algunas canciones donde mejor se puede apreciar ese compromiso de los artistas con la vida, las hay y muchas, pero nos gustaría citar a “Honrar la vida” de Eladia Blázquez y “De vez en cuando la vida” de Joan Manuel Serrat.

Casi un sinónimo del carácter revolucionario es el término, más conocido, “espíritu crítico” , que representa una actitud hacia el mundo y que nos permite conocerlo y despejar cualquier tipo ilusión o ficciones que habitualmente desde el poder nos quieren imponer a modo de distracción.

Una persona con espíritu crítico tenderá a dudar de las opiniones de los dueños del poder y los medios de comunicación que le pertenecen, mantendrá firmemente sus convicciones aún cuando circunstancialmente se encuentre en minoría.

En nuestro país, nos gustaría citar a tres hombres que fueron claros ejemplos de ese espíritu crítico durante el siglo XX, nos referimos a Raul Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Manuel Ugarte. Y si nos vamos más atrás en nuestro pasado, creemos que dos de los más claros exponentes de ese espíritu, para citar sólo a dos, fueron Mariano Moreno y San Martín, con respecto a este último quizá no exista una conducta más clara para demostrar ese carácter revolucionario del que nos habla Fromm, que la decisión de San Martín de desobedecer a las autoridades porteñas y negarse a combatir a sus compatriotas del interior.

Volviendo a Fromm, nos dice que una persona imbuida de espíritu crítico dudará del llamado “sentido común” que muchas veces sólo nos hace repetir la misma barbaridad, que se vuelve “verdadera” por la exclusiva virtud que todo el mundo lo repite.

Las clases adineradas son a la vez quienes nos gobiernan o bien las que pagan buenos sueldos para que en su nombre nos gobiernen, y las que tiene el control de gran parte de la cultura y la educación, por ese mecanismo ser “educados” significa transmitir los valores de las clases gobernantes y de adormecer el espíritu crítico que de tenerlo nos llevaría a cuestionar su posición predominante.

Tener espíritu crítico significa tener una particular relación con el poder, el cual no puede ser venerado, antes que eso se debe asumir una actitud de firme desconfianza de sus resoluciones. Aún cuando tengamos al más revolucionario de los gobiernos nunca se puede actuar como alcahuete, ni con obsecuencia, ningún poder aún el más revolucionario debería avasallar la dignidad humana.

A diario vemos personas que muestran admiración hacia los poderosos, existen revistas o programas televisivos y radiales que se dedican a difundir cada paso que dan esos personajes del “establishment”, esas personas que están impresionadas por la vida que llevan los poderosos difícilmente puedan tener espíritu crítico, a lo sumo su crítica no mostrará otra cosa que envidia.

Volvemos a citar a Fromm: “El carácter revolucionario es capaz de decir ‘no’. O para expresarlo de otro modo, el carácter revolucionario es una persona capaz de desobedecer. Es alguien para quien la desobediencia puede ser una virtud”.

La desobediencia que aquí se elogia no es la vana rebelión o la que se puede realizar por envidia o resentimiento, es aquella que actúa para obedecer a otros principios y valores que se consideran más importantes y que se encuentran grabadas en la conciencia del individuo que se comporta de tal manera. Si desobedezco al Cesar es para obedecer la ley de Dios, si desobedezco al Estado es para respetar a la humanidad. O como dijimos de San Martín, si desobedeció a las autoridades fue por respeto y amor a sus compatriotas.

Fromm nos ilustra sobre personalidades de la historia política y religiosa de la humanidad que a su entender tuvieron este carácter revolucionario: Buda, Jesús, Galileo, Marx, Engels, Einstein y por supuesto, muchos más.

En las sociedades modernas particularmente aquellas que se definen como democráticas, donde supuestamente no existe una obligación manifiesta sobre los individuos para actuar de una u otra manera, como sí existe en las dictaduras, no obstante, se han desarrollado burocracias que tratan de encaminar el pensamiento mayoritario hacia carriles que le sean convenientes a los que controlan el poder económico y del estado.

Esas burocracias establecen esquemas que muchas veces obedecemos o seguimos sin darnos cuenta que estamos actuando de acuerdo a lo que ellos determinan. De esa manera uno realiza lo que la mayoría hace, lo que los medios de comunicación establecen que es “sensato”. Para quienes no se comporten tal lo esperado, no habrá prisión, ni castigo físico, pero posiblemente sea dejado de lado, olvidado o hasta sea objeto de burlas por haberse apartado del camino establecido.

Existe una intencionalidad al mostrar al individuo como extremadamente minúsculo ante el poder de las burocracias que se alzan imponentes en la actualidad, esos poderes pueden ser las multinacionales, los estados, el aparato judicial, organizaciones religiosas o sindicales, que tienden a dejar como mensaje que es inútil que las personas traten de cuestionar su poder, dejando esas rebeldías sólo para algunas películas donde el individuo le gana a alguna corporación, como para que de alguna manera podamos encontrar escape nuestro sentimiento de impotencia.

Al finalizar el artículo Erich From realiza una síntesis de lo que a su entender caracteriza como el carácter revolucionario: es un humanista que ama y respeta la vida, que es escéptico y un hombre de fe a la vez. Escéptico porque desconfía de las ideologías en boga, y hombre de fe porque confía en la construcción una sociedad mejor que aún no se concretó. Es una persona con firmes convicciones y que puede desobedecer a las autoridades y obedecer a su conciencia. No está dormido, por el contrario vive despierto, atento a las realidades personales y sociales que lo circundan.

Hemos creído que los conceptos desarrollados por Fromm en este artículo son de primordial importancia para encarar la actividad social y política de nuestro país, especialmente cuando abordó temas que raramente son discutidos o abordados por nuestra dirigencia. Durante mucho tiempo nos quisieron engañar diciéndonos que la libertad era el liberalismo económico, lo que demostró que sólo existía la libertad para que unos pocos se enriquecieran a costa de la pobreza de la mayoría.

Los argentinos merecemos emprender el camino hacia la libertad y la justicia, sin engaños y sin ideologías que sólo han servido para ocultar la realidad y llevarnos hacia el camino de la destrucción, donde se respete al ser humano y no a las corporaciones, donde la justicia no sea sólo para los ricos, y donde los mas humildes tengan garantizado el acceso a lo mínimo indispensable para llevar una vida digna.

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