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Mientras lo pensamos cambia

27 enero, 2012

Una reflexión sobre los movimientos civiles de protesta. Por JM Martín.

Hace dos días, tuve la oportunidad de tener al hijo recién nacido de un amigo en mis brazos. Una cosa muy pequeña, una experiencia tremenda. Y algo que me llamó la atención fue que, al cogerlo y poner la palma de mi mano debajo, notaba su corazón y sus pulmoncillos trabajando. Y entonces relacioné conceptos y me di cuenta que en el universo tangible se da una norma en el 100% de los casos: a menor tamaño, mayor rapidez. Las colisiones entre galaxias son a un ritmo de millones de años y el ritmo del  latido del corazón del pequeño Hugo, el crío mencionado, haría colapsar el sistema cardiovascular y nervioso de un adulto.

Parece que nada de lo que menciono tiene relación con la Global Revolution, pero sí la tiene: los nuevos canales de comunicación llevan convirtiendo al mundo en algo más pequeño desde que se inventó el sistema regulado de correos. Ahora mismo, internet nos enseña un mundo que es una canica en comparación con el gigante inabarcable que teníamos hace unos años. Y la historia del ser humano, vista a través de sus inventos, nos muestra que tenemos esa tendencia: los medios de transporte sirven para hacer los kilómetros relativos, la cámara de fotos sirve para hacer tangible y difícilmente falseable la realidad y desde el teléfono hasta el internet sirven para transportar información e impedir que, como ocurriera hace algún siglo, inteligencias perversas ofrezcan versiones alteradas de la realidad para obtener beneficio propio.

La Global Revolution y el 15M no son ajenos a esta tendencia relativizadora del espacio como nosotros no somos ajenos, por muy especiales que nos creamos, a las leyes de la física. Nosotros estamos sometidos al axioma “menor espacio = ritmo más elevado”. Los movimientos sociales son una muestra de ello. Por ello, hay abstracciones propias de los movimientos sociales que son irrelevantes, por mucho que se hagan ponencias o por mucho que se esgriman postulados ideológicos con una mano mientras que con la otra (la que sea) se haga un saludo comunista u otro fascista. No importa. Es absolutamente irrelevante –y una pérdida de tiempo, aunque reconozco que a quien lo haga le pueda resultar interesante- querer adaptar postulados de una ideología a un movimiento como la Global Revolution, el 15M o como queráis llamarlo. La etiqueta también es irrelevante, por mucho que la gente se llegue a emocionar al oír una palabra como “Indignados”.

Las denominaciones son absolutamente irrelevantes. Incluso, superado determinado punto crítico, llegarán a ser contraproducentes, pues generarán desafección entre aquellos que no compartan el matiz que uno le quiera dar a este movimiento. Me explico: los ciudadanos no somos más que elementos en un sistema medianamente estable que se ha mantenido prácticamente invariable durante muchas décadas. Independientemente de emociones, de ideologías o de percepciones, no somos más que esos elementos en ese sistema. No existe un libre albedrío: existen condicionantes y nos movemos de acuerdo a ellos. Sin embargo, como dirían teóricos nada ideologizados sino más bien relacionados con terrenos tan poco coloridos –en un sentido político de las cosas- como la física no lineal, un elemento nuevo, un atractor, una variable, genera una inestabilidad y hace necesaria una reorganización. Ese elemento ha sido uno de esos inventos que hacen el mundo más pequeño. De hecho, es el invento que hace el mundo más pequeño desde que el mundo es mundo, con permiso del libro o del ferrocarril: internet y, en concreto, las redes sociales. Piénsenlo:  yo no estaría escribiendo una carta a un teórico estadounidense hace 100 años, porque hace 100 años no tendríamos conciencia recíproca de nuestra existencia y menos aún una ínfima posibilidad de contacto eficiente en términos temporales.

Con todo esto, quiero decir que esto que estamos viviendo es un reajuste lógico del sistema –y no hablo únicamente de lo económico- que está produciéndose en torno al papel relativo de los elementos que en él se desarrollan (efectivamente, nosotros los ciudadanos del mundo) en base a un elemento disruptor del orden preexistente: la posibilidad de comunicación.

Sólo eso. O, si lo prefieren, una cosa tan grande como esa.

Por ello, la sistematización y la estructuración que algunas personas –no dudo de su buena voluntad, pero sí de su claridad mental, sin duda influida por ciertos dogmas ideológicos de los que es difícil escapar cuando llevan años condicionándonos- quieren identificar y en cierto modo imponer a un movimiento de revolución global (o, siendo menos emotivos, de reajuste sistémico a partir de sus elementos) son absolutamente prescindibles. Sin embargo, no hay que preocuparse: el estructuralismo fiero tiene la batalla perdida, al igual que el capitalismo la tiene, al igual que el comunismo la tuvo y al igual que cualquier sistema que se intenta imponer tiene, sea cual sea. El motivo: el ritmo de reajuste de los elementos que pertenecen a un sistema es siempre superior al ritmo de imposición de cualquier ajuste exógeno que se intente imponer. Si la existencia de comisiones va a suponer un freno a la tendencia –en cierto modo perteneciente al subconsciente colectivo- de los elementos, los elementos pasarán por encima de las comisiones. Si las asambleas suponen un freno para la actividad de los elementos más propensos a la acción, estos dejarán de buscar la legitimidad en las mismas. Si las áreas de trabajo no atienden a las necesidades de algún número de elementos, los elementos buscarán ver esas necesidades cubiertas.

Porque el principal cambio que supone esta revolución global es nivel conceptual. De hecho, ataca al meollo del concepto en sí: los conceptos estructurantes de la realidad se están mostrando vacíos. Todos. Sin excepción. El capitalismo no sirve para administrar a la humanidad, porque la humanidad crea elementos de cambio a una velocidad siempre superior. Ídem para el comunismo, socialismo, socialdemocracia y demás. Todo sistema está condenado a la obsolescencia. Y la estructuración de movimientos sociales no es especial, no se escapa: es también una abstracción en cierto modo impositiva.

Sin embargo, esto no es negativo. Al contrario: sólo dándonos cuenta que ningún carnet de ningún partido, que ninguna ideología que prime la estructura sobre el poder del albedrío menos condicionado, podremos hacer coincidir la velocidad real de cambio sistémico con la de nuestra percepción. Y será aquí cuando llegue el cambio.

Y para acabar, os dejo con una reflexión: en la realidad, que nada tiene que ver con el estricto resumen teórico de la física lineal, del comunismo o del capitalismo de la escuela de Chicago, el orden subyacente SIEMPRE acaba revelándose superior al aparentemente manifiesto, como ese brócoli que sonríe al microscopio desvelando que no era, en contra de lo que se pudiera suponer, un vegetal amorfo y caótico, sino un paradigma de un orden que nos ha costado comprender desde nuestra cerrazón mental.

No os aconsejo que malgastéis vuestro tiempo en poner puertas al campo o en teñir de un color la realidad, pues esto es únicamente relativo a la percepción individual. Compartid vuestras experiencias, enriqueceos y así podréis evitar que vuestro interlocutor cometa los mismos errores que vosotros cometisteis porque, sencillamente, teníamos que aprender.

Salud y optimismo, porque algunas cosas son sencillamente inevitables.

JM Martín

NOTA: Respuesta a https://www.facebook.com/notes/sovietzug-urss/carta-a-isham-christie-occupy-wallstreet-/362231190457582?notif_t=note_reply

(Fuente original: JM Martín en facebook)

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From → 15M, Mundo

2 comentarios
  1. Spainlandia, La Gran Depresión:

    Suben los alimentos, la electricidad, el gas, el gasoil, la basura, el alcantarillado, el alquiler del piso, el transporte… Bajan los salarios y la renta media de los hogares. Sube la tasa de riesgo de pobreza y gasto total de los centros de auxilio social. El paro se dispara. En Galicia las afiliaciones a la Seguridad Social bajan hasta niveles del 2005. Cae la producción de lavadoras, estufas, muebles… En España 93,2 puntos, en Galicia 81 puntos y en Andalucía 107,3 puntos. Hay que importar lo poco que se consuma y su precio aumenta. Las prestaciones por dependencia no se implementan en Canarias, Galicia, Baleares… La esperanza de vida se acorta. Y la deuda pública sigue en DEFCON 1… Ver:

    http://aims.selfip.org/~zzz_AQ8OVAPXU62DG7YC/doc/cap_0667.htm

  2. Alfredo permalink

    Salud y optimismo, MDF, porque algunas cosas son sencillamente inevitables.

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