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Una bicicleta blanca es un ciclista que ha muerto atropellado

17 enero, 2013

Una solitaria bicicleta blanca nos recuerda el atropello mortal de Rebeca Borrás

Bici blanca en memoria de Rebeca Borrás

Bici blanca en memoria de Rebeca Borrás

(Artículo publicado en Diario Siglo XXI y terc3ra información)

El atropello: Rebeca Borrás, de 20 años, muere atropellada cruzando un paso de cebra

El domingo 13 de enero de 2013 a las 18:45 un chica de 20 años, Rebeca Borrás, cruza el paso de peatones de la calle San Vicente a la altura de la estación del AVE, en Valencia. Justo en ese momento, cuando casi había cruzado llega un coche a gran velocidad que la embiste, lanzándola por los aires y dejando su bici y su cuerpo destrozados. La ambulancia llega en minutos, pero no pueden hacer nada por su vida y cuando llegan con ella al hospital tan solo queda el cuerpo. Triste, desgraciada pero habitualmente es otro ciclista muerto por atropello.

El coche que la mata anda 50 metros más y se estrella contra otros 3, aparcados, rompiendo antes una robusta señal de tráfico. Da 1,17 en el control de alcoholemia (casi 5 veces más de lo permitido) y se le encuentran 3 papelinas de cocaína en el coche. Las informaciones hablan de pupilas dilatadas; algunos testigos de “una velocidad impresionante… parecía un obús. Ha sido catastrófico...”.

La bici de rebeca, destrozada (Foto: diarioinformacion)

La bici de Rebeca, destrozada (Foto: diarioinformacion)

Personalmente pasé con mi hija de 8 años por el sitio a las 20:15, hora y media después del atropello. El aspecto era muy impactante: la señal destrozada, un coche con la trasera destrozada y otro también golpeado, una gran mancha de aceite en el suelo, trozos de ¿faros? ¿cristales? ¿plástico? a lo largo de los 50 metros y una cazadora tirada en el suelo, y un poco más allá una bicicleta destrozada. Ocho o diez policías (motos, coches, la furgoneta de atestados. Las pinceladas pintaban un cuadro de tragedia, aunque en ese momento no lo podía saber con certeza y tanto el cuerpo de Rebeca como el coche que la atropelló ya habían sido retirados. Mi hija estuvo mirando con detalle los coches rotos y al apremiarla me replicó “es que esto no se ve todos los días“.

El homenaje: una bicicleta blanca y concentraciones de duelo y protesta

El lunes 14 a las 19:30 un ciclista anónimo, conmocionado por el suceso, colocó una bicicleta pintada de blanco en el lugar del atropello, en señal de duelo, de recuerdo, de homenaje. El mismo lunes ya hubo una pequeña concentración espontánea y el próximo viernes 18 de enero a las 19:30 se ha convocado una concentración de duelo y de rechazo.

Bici blanca en memoria de Rebeca Borrás

Bici blanca en memoria de Rebeca Borrás

Las originalmente llamadas ghost bikes (bicicletas fantasma) empiezan a aparecer en 2003 en el sitio donde un ciclista ha muerto o ha sido gravemente atropellado. Esta acción ha ido siendo replicada en cada una de las ciudades que tiene un colectivo ciclista activo y consciente. La que hoy se pone es una más de las bicicletas-símbolo que han ido poblando las ciudades y pueblos del planeta, en un movimiento ciudadano espontáneo que pide a todos, conductores y gobernantes, que tengan en cuenta que la fragilidad de la vida humana se pone a prueba todos los días cuando vehículos de toneladas conviven con otros de pocos kilos.

El problema de fondo: ley deficiente y deficiente vigilancia, falta de sensibilidad y de educación.

Los ciclistas somos frágiles: como elemento de tráfico, el más frágil de todos. Por visibilidad, ya que apenas si somos mucho más visibles que un peatón. Por velocidad y aceleración, rara vez podemos ir más rápido de 30 Km/h y la rapidez para acelerar depende de lo fuertes que estemos. Pero sobre todo por diferencia de peso: Una moto y su conductor pesan fácilmente más de 250 Kg, un coche y su conductor y pasajeros de 1100 a 1700, un autobús alrededor de 10000 y nosotros apenas 100.

El número de ciclistas urbanos ha aumentado enorme en los últimos años. En El periodic del 28 de junio nos hablan de 32.000 desplazamientos al día solo con Valenbici, pero hay que contar con al menos otros tantos de bicicletas particulares, en una ciudad que ronda los 3/4 de millón de habitantes. Si teníamos en 2005 cerca de 400.000 vehículos a motor, la proporción de ‘habitantes’ de las calles parece clara.

La ordenanza de circulación de Valencia (ciudad en la que se produjo el atropello) nos pone en la calle en igualdad de condiciones excepto en las llamadas ciclocalles. En todas las demás los conductores han de dar un espacio (1.5 metros, o el carril que estamos usando), que aparentemente podría ser suficiente para no poner nuestra vida en peligro.

Sin embargo la observación del cumplimiento de esas medidas por parte del ayuntamiento, a través de su policía local está siendo, en el mejor de los casos, muy deficiente. En los últimos dos años se han realizado campañas de persecución a ciclistas por incumplimientos, pero no se realizan campañas similares para perseguir la conducción peligrosa (exceso de velocidad, falta de cumplimiento de distancias, entorpecimiento del tráfico en zonas de baja visibilidad.

Demasiados policías locales, cuando alguna vez les pregunto sobre cuestiones de la ordenanza, suelen mostrarse distantes y desinteresados, además de poco conocedores de los detalles de la misma. Escucho con frecuencia un discurso casi criminalizante que interpreta que cualquier persona sobre una bicicleta es un incumplidor, que circula por las aceras amedrentando peatones. No es la actitud de todos, pero si la de muchos.

Demasiados conductores (hoy he cruzado unas palabras con un taxista y lo he vuelto a comprobar) no están dispuestos ni a aparcar pegados al bordillo para dejar sitio, ni a respetar la distancia lateral al adelantarnos (1.5 m.), ni a aceptar que nosotros, con nuestra menos velocidad, somos parte del tráfico, como ellos.

Y esto lleva a que en apenas 13 días de enero ya hayan muerto dos personas atropelladas en Valencia.

La solución: Pacificar el tráfico

La ciudad convivible depende de la colaboración de todos. La excesiva velocidad y falta de atención es lo que produce la inmensa mayoría de los accidentes graves y mortales. No basta con dibujar en la calle pasos de cebra y carriles bici. No basta con plantar en la calle semáforos y señales: es indispensable conseguir que todos los que circulamos seamos conscientes de que la calle es un espacio de convivencia, no solo lo que se interpone entre nosotros y nuestro destino. Es obligatorio que todos entendamos que la calle es de todos, que la tenemos que usar todos, y que estamos todos a la vez en ella con los mismas necesidades y derechos.

El ayuntamiento, que tiene la obligación no solo de regular sino de vigilar la calidad de la convivencia, debe poner los medios necesarios para que sus policías vigilen y protejan: Vigilen que los coches no nos ponen continuamente en situación de riesgo, y protejan nuestra integridad con campañas de divulgación y de concienciación. Y si ni la alcaldesa ni el concejal de tráfico son capaces de ver que este problema no solo les corresponde a ellos sino que no pueden seguir eludiéndolo, entonces es a la oposición a la que le corresponde realizar las acciones necesarias para que desde el ayuntamiento se cambie esta peligrosa actitud. Porque si no veremos cada pocos meses una nueva bicicleta blanca señalando el lugar donde, de nuevo, un coche ha matado a un ciclista.

Fuente de la imágen: hogares verdes

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From → Activismo, Mundo

2 comentarios
  1. A parte de la conmoción que me ha provocado tan horrible tragedia, me pregunto por el ciclista anónimo que ha puesto esa bici blanca, esa ofrenda anónima (me imagino que nada barata) a la memoria de todas las víctimas de la implacable guadaña del tráfico irresponsable…
    Siento mucha admiración por el gesto poético, y quiero compartir con vosotros un mensaje de aliento y condolencia a todos aquellos que han sido tocados directa o indirectamente por este cáncer de la modernidad.
    No me queda más que desear que el peso de la justicia recaiga sobre el malhechor con la misma brutalidad con la que arrancó el alma de Rebeca de su joven cuerpo.
    Gracias Luis por compartir tus reflexiones con todos nosotros.

    • Gracias por el comentario.
      El lunes estuve con el, charlando. Es un ciclista más, que se mueve por Valencia en bici, que tenía en casa una bici en desuso (que el califica como “hierro”), ganas y tiempo, y que se adelantó con su aporte. Creo que es una muestra de como, poco a poco, vamos madurando como sociedad y cada vez más indivíduos salen de su esfera privada para realizar aportaciónes al espacio común, que nos engrandecen y nos esperanzan.
      Un abrazo

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