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Esclavo a tiempo parcial (La abolición del trabajo)

25 junio, 2013
esclavitud

      Un trabajador es un esclavo a tiempo parcial. El jefe dice cuándo tiene que presentarse, cuándo tiene que marcharse, y qué tiene que hacer entretanto. Decide cuánto hay que trabajar y a que ritmo. Puede llevar su control hasta extremos humillantes, regulando, si  le da la gana, las ropas que llevas o la frecuencia con la que vas al servicio. Con unas pocas excepciones, puede despedirte por cualquier motivo, o sin motivo alguno. Te hace vigilar por chivatos y supervisores y recopila un expediente de cada empleado. Una mala contestación se califica de “insubordinación”, como si el trabajador fuese un niño desobediente, y no sólo hace que te despidan, sino que además te inhabilita para cobrar el subsidio del paro. Sin que tampoco estemos necesariamente de acuerdo con ello, cabe señalar que los niños en la casa y en la escuela reciben un tratamiento similar, estando en este caso justificado por su supuesta inmadurez. ¿Qué nos dice esto acerca de sus padres y maestros que trabajan?

       El humillante sistema de dominación que acabo de describir gobierna más de la mitad de las horas de vigilia de la mayoría de las mujeres y de la inmensa mayoría de los hombres por décadas, durante la mayor parte de sus vidas. A según que efectos no es del todo erróneo llamar a nuestro sistema democracia o capitalismo o -mejor aún- industrialismo, pero sus verdaderos nombres son fascismo de fábrica y oligarquía de oficina. Quienquiera que diga que esta gente es “libre” es un mentiroso o un estúpido. Somos lo que hacemos. Si hacemos un trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo más probable es que acabemos siendo aburridos, estúpidos y monótonos. El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes tan destacados como la televisión y la educación. Quienes viven marcando el paso, toda su vida, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y se encuentran esclavizados psicológicamente. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada, que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias no desprovistas de fundamento. El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que inician, y así perpetúan el sistema de varias formas a la vez, en la política, en la cultura y en todo lo demás. Una vez que exprimes la vitalidad de la gente en el trabajo es probable que se sometan a la jerarquía y los especialistas en todo. Están acostumbrados a hacerlo.

(Bob Black: La abolición del trabajo, pag 17-18, ed. pepitas de calabaza)

(fuente de la imagen: desmotivaciones.es)

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One Comment
  1. Juanma permalink

    Grácias Luis, muy interesante. La mayoria de las personas se morirán sin plantearse estas cosas y a otros, cuando lo hagan se les habrá pasado media vida. En definitiva, el tiempo en que sentimos la libertad es muy poco y lo conseguimos solo si lo buscamos y lo trabajamos con ímpetu.

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